
En la prisión, para la limpieza, les daban papel de periódico, revistas y hasta hojas arrancadas de libros. Aprendió entonces a leer y memorizar todo lo que caía en sus manos. Inesperado para los guardias y administradores, los elaborados esquemas de la cultivada mente fueron demasiado para su limitada imaginación. Fue la sólida base que usó el día que excarcelado por cuenta propia, entró a la biblioteca pública de la gran ciudad, listo para la construcción de nuevas libertades.
¿Qué fuerza nos hace perseguir lo inalcanzable, con la vaga esperanza que lleguemos cerca, o tal vez, ser parte de ella en la muerte? Algo tan complejo desafía explicación certera, bien sea con mecánica cuántica o religión. Pero el camino y los pedazos que se encuentran en su andar son tan dulces y maravillosos, que preferimos salir a caminar. También existe la huella y los que vienen detrás. Pero la pregunta persiste, ¿por qué lo hacemos? Y las respuestas parecen ser dos, por amor o ambición, tan etéreas e indefinibles, como lo que se cuestionó y apenas se contestó.
Hay noches que se gastan soñando otras noches, pues nadie tiene su sonrisa, desvelándo las que no verá. Un músico enamorado de su instrumento que olvidado, aún toca por cigarillos y cerveza. Lucidez que de forma sistemática busca su fin para sólo saber que aún está ahí, y luego cabizbajo se aleja, hasta la próxima oportunidad del querer.
