
“El correo de su majestad se solaza en el olvido de las direcciones”
José Lezama Lima
“Para llegar a Montego Bay”
El registro de las causas, el llamado a la oración, el inframundo que abren la cueva, el volcán, el hormiguero, y la invitación de la montaña, la sombra del vapor, la receta de la existencia. ¿Cuánta falsificación sería posible discernir en la impresión de las cosas? Ya para el siglo V, lo que fuera la modesta ciudad de Constantinopla, fundada en el 324, contaba con 4,388 opulentas mansiones, y el discurso de prosperidad dominaba la imaginación de sus ciudadanos, donde un miembro de la clase gobernante tenía un ingreso anual calculado en más de cien mil piezas de oro, comparado con las cinco de un campesino. Los comerciantes, que para entonces comenzaban su larga, pero certera ascensión a los pasillos del poder, ingresaban alrededor de 200 piezas de oro al año. Hoy, completada su misión, los hombres de negocio sujetan firmes las riendas del Estado, multiplicando con creces sus ingresos de la Antigüedad tardía, y a la vez sosteniendo, o incluso reduciendo, el ingreso de los campesinos y trabajadores. La fascinación popular por la narrativa del progreso no muestra señal significativa de merma, independiente de la falta real de participación en sus bonanza que padezcan sus fanáticos. Primaveras que pasaron de largo, sin ojos para ver. Descubriendo en el otoño que regocijarse en lo sabido, es aún más tiempo que perder.
