Trayectoria de un peekaboo

Las repeticiones eran aderezadas por la dulce carcajada del niño. El silencio de la última le resultó extraño y al descubrir sus ojos, la criatura ya no estaba allí; solo el principio de un bosque denso y desconocido que lo observaba, quieto en su espeluznante tranquilidad, y al que nunca nadie se atrevió ir a explorar. Arrastrando la costumbre isleña me recomendaba, ya en los mares del norte, que abandonara la insistencia del adjetivo cabrón, como muletilla para todo lo superlativo o bochornoso. La lista de ajustes resultó, por descubrimiento propio, más extensa y persistente de lo anticipado. El agua del Nilo viaja 6,825 kilómetros, comenzando en un pequeño manantial en Etiopía y eventualmente desbordándose en el inmenso delta del Mediterráneo, no sin antes haber mantenido esplendorosas civilizaciones, por más de cinco mil años. Recorrido de promesas de perfección a deidades de imborrable memoria que aún nos persiguen, como quien persevera en la justeza de cobrar, la más vieja de las deudas. Una lejanía alimentada de pieles replicadas, cada una con el más mínimo de los cambios, aparentando un progreso que se desmoronaba en la resurrección del último cabrón, que le tocó escuchar a Manuela.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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