
Lo que hoy es el libro, mucho tiempo atrás era solo el concepto que se copiaba, una y otra vez, para mantener el texto vivo. Toda fábrica de botones necesita otra que produzca el ojal. Así fuimos afortunados que habiendo suficiente agua, dejó de llover cometas sobre la Tierra. Un reguero de notas musicales acumuladas con dolor y desvelo, para que mucho más tarde algún cuarteto las organizara acompañando, el soneto más bello. Pues toma un interminable y angustioso esfuerzo volver a dar el beso más honesto, como derivar la profundidad que encierra la elegancia de una ecuación escrita en la pizarra del maestro.
Dicen que son los huesos, los que reducen el caminar del viejo, pero yo sé de placeres que solo nacen descubriendo que un minuto es eterno. Como el gran personaje que de joven muriendo regala la memoria de un rostro congelado en una era, lo que parece un momento que se esparcirá, diluido en la grandeza del universo, aprendiendo que el olvido es parte del proceso, donde cada recreación nos engaña como si fuese un simple recuento. Un largo camino de pequeña variación en el principio protegida por un velo, llevándonos donde no soñamos haber visto el entendimiento.
El reino de las sombras depende de la luz, pues de existir solas jamás llegarían a ser, Platón no hubiese visto nada, y su caverna se tragaría el concepto del hueco junto con todas las demás ideas que carecerían de un mundo para proceder, no sin dejar de mencionar una historia del arte sin nacimiento en las pinturas de Lascaux. Niños creciendo frente a paredes sin sombra en un lugar sin espejos que por no tenerlas no tiene luz, por lo que tampoco podría ser lugar ni tiempo.
