Yin and yang

Lo que hoy es el libro, mucho tiempo atrás era solo el concepto que se copiaba, una y otra vez, para mantener el texto vivo. Toda fábrica de botones necesita otra que produzca el ojal. Así fuimos afortunados que habiendo suficiente agua, dejó de llover cometas sobre la Tierra. Un reguero de notas musicales acumuladas con dolor y desvelo, para que mucho más tarde algún cuarteto las organizara acompañando, el soneto más bello. Pues toma un interminable y angustioso esfuerzo volver a dar el beso más honesto, como derivar la profundidad que encierra la elegancia de una ecuación escrita en la pizarra del maestro.

Dicen que son los huesos, los que reducen el caminar del viejo, pero yo sé de placeres que solo nacen descubriendo que un minuto es eterno. Como el gran personaje que de joven muriendo regala la memoria de un rostro congelado en una era, lo que parece un momento que se esparcirá, diluido en la grandeza del universo, aprendiendo que el olvido es parte del proceso, donde cada recreación nos engaña como si fuese un simple recuento. Un largo camino de pequeña variación en el principio protegida por un velo, llevándonos donde no soñamos haber visto el entendimiento.

El reino de las sombras depende de la luz, pues de existir solas jamás llegarían a ser, Platón no hubiese visto nada, y su caverna se tragaría el concepto del hueco junto con todas las demás ideas que carecerían de un mundo para proceder, no sin dejar de mencionar una historia del arte sin nacimiento en las pinturas de Lascaux. Niños creciendo frente a paredes sin sombra en un lugar sin espejos que por no tenerlas no tiene luz, por lo que tampoco podría ser lugar ni tiempo.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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