Cucubano

En los eneros de Boston, ya para las cuatro de la tarde, los corazones adquirían el ritmo oscuro de la noche. Fijo en su rotación solar, el planeta establece longevos ánimos en sus diferentes zonas. El Caribe caliente que me vio nacer, me hacía sentir el abrigo navideño como símbolo de una época diferente, aunque sus mediodías fuesen igual de calurosos que el resto del año. Asi, los seis meses en sombras de 15 horas que con 26 años de edad cayeron imprevistos sobre mis espaldas me obligaron, de forma fugaz, a modificar mi perspectiva de las temporadas, y sus bruscos cambios sobre las rutinas. El inglés mediocre de las escuelas en Puerto Rico, combinado con mi resistencia natural de aprenderlo, hicieron de los principios del exilio una pesadilla. Por esto, luego de par de años, la primera noche que soñé en inglés, junto con mi primera calificación de A en un escrito que entregué para tarea, trajeron una dulzura inesperada a mi desesperada angustia. Un punto de inflexión que transformó el resto de mis tres décadas en las tinieblas, en caminata que cargaba su propia luz a cuestas. Noté entonces que buena parte de mi niñez había sido así, soledad en medio del bullicio que no sabía nada sobre los libros que leía, determinando el resto de mi existencia en cómoda trayectoria que escribe lo que casi nadie consulta. Una especie en permanente peligro de extinción.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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