Viva la gente

La calle es aventura para el privilegiado; fuente de perspectiva y literatura del que puede vivir sin recursos, sabiendo que tiene adonde regresar y caerse muerto. Pero para el que de verdad carece de opciones, el mismo mundo es una pesadilla, origen de todos los temores, angustias y miserias de tener que escuchar el sermón en el que no se cree para al final, por lo menos, recibir el pequeño plato de sopa caliente. Un acto de supervivencia que surge de la nada, cuando es necesario continuar, en contra de todo lo diseñado para provocar el fin.

Si la estrategia de la Inteligencia Artificial (IA) es acumular la mayor cantidad de datos, para luego regurgitarlos de manera organizada, no ha hecho nada que en general nuestro sistema de educación y los promotores de mitos no le hayan ya mostrado a los humanos, con la excepción de hacerlo a mayor velocidad. Pensar, sin embargo, la habilidad de cuestionar lo creído y desmantelar sus asumidos postulados, para desenmascarar ángulos desapercibidos por las mentes del presente y el pasado, todavía reside en la total autonomía del cerebro humano, aunque solo sea en el de un número altamente reducido. Se podrá absorber toda la información posible sobre los ríos del mundo y, en un tiempo sorprendentemente breve, concluir que sus aguas desembocan en el mar. Crear universos de líquidos que fluyan en contra de la corriente y estudiar sus posibilidades, revelando nuevas realidades que de otra forma hubieran permanecido escondidas, es otra cosa. El día que la IA sea capaz de pensar de verdad, es decir, la exploración ilimitada de lo inimaginable, ese es el día en que la unicidad de lo humano será igualada. Por lo demás no es más que una necia que, aunque capaz quizás de exterminarnos, seguirá siendo una tonta que al no tenernos, solo hallará un horizonte de extinción que se le acercará mucho más veloz de lo que jamás pudo hacerlo con nosotros. La puerta para cualquier otro universo intentar de nuevo.

¿Acaso podrá una máquina sentir amor? En el momento que el titular noticioso sea “Inteligencia artificial opta por sacrificarlo todo para ayudar a un desconocido” sabremos haber sido alcanzados.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

Leave a comment