
Para sobrellevar la confusión, puedo investigar la línea de fondo, el sustrato que aunque invisible, determina el orden y dirección general de las cosas. Hasta que descubro la infinitud de esquemas propuestos para explicar el origen y la evolución lógica de los eventos. Pienso así que lo mejor quizá es sentarse, disfrutar de la lectura y la buena conversación, practicar el verso emotivo y cerebral, ver crecer a mis hijos, amar a mi esposa y echarle comida a los pollitos. Hay situaciones que no pasan desapercibidas. La guerra, la corrupción, el robo, ninguno debe creer que los he olvidado y permitido que en mi búsqueda de paz con las cosas importantes, haga como si no existieran. Pero en la repetida experiencia de intervenir impulsado por la indignación y la desesperación de hacer algo inmediato, las estrategias de acción rápida han resultado tan dañinas como el problema a resolver. Tal vez su complicación nos dice que un acercamiento más adecuado sea la separación que se crea, imaginando y construyendo en la práctica personal el mundo en el que se quiere vivir, basado en la falta de reconocimiento al constante cacareo noticioso que obliga a dedicar cada minuto de mi existencia a sus mundos, haciéndome pensar que fuera de estos no existe nada más. Una máquina de alimentación mutua con que la maldad mantiene vivos a ambos participantes, donde los que prevalecen siempre son los mismos y los otros, con perseverancia piensan, que están a punto de ganar.
