Humano, demasiado humano

Toda elección carga su propia caída. La fascinación de coleccionar caracoles en las playas de nuestra infancia contiene una atracción por la cautivadora belleza que compartimos con la similar práctica de los niños neandertales en la península ibérica, hace algunos 46 mil años atrás. Hay crustáceos que según van creciendo necesitan cambiar de caparazón y, por millones de años, han aprendido a explorar las playas del planeta en busca de algún caracol desechado que puedan encajarse como su nuevo hogar. Hoy es común hallar los animalitos cargando algún envase plástico mientras andan sobre la arena, siendo lo único que pudieron hallar como casa. Así nuestras moradas guardan cajas, gavetas y anaqueles vacíos de descartados polímeros que exhiben orgullosos, hermosos repertorios de conchas marinas.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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