
Dos fases tiene el placer de aprender; el descubierto y definido patrón donde hallamos la tranquilidad de lo predecible, y su excepción, esa alocada fuente de toda creación. Hay conversaciones en donde se gasta una vida repitiendo y, en un mundo de tantos bellos seres y excitantes misterios, es sabio abandonarlas. No importa lo que sea ni donde estoy, siempre podré ser yo mismo el que esté ahí, cosa que nadie más es capaz. La afirmación de un poder que en su particular aleteo que le da forma al mundo. De no haber sido así, muy diferentes fueran las cosas, sabiendo que mi delicado proceder es pieza fundamental y al final, tan solo una parte entre muchas; innumerables. Nada sería lo que es sin mí, y sin mí sería otra cosa igual de sorprendente e improbable en su unicidad. Hay vestidos que al usarse, se ponen viejos e indeseables al final del día. Aquellos que por obligación se repiten, buscan su alumbrado en la pureza interna que los carga. ¿Qué poema definió el lugar donde vivo? ¿Cuál es la tonada a la que palpita el corazón, para seguirla, asegurando siempre estar en lo correcto?
