Extraviado origen

Veinte veces y son pocas, se refiere Homero al amanecer en La Odisea con la oración “los recién nacidos dedos rosa de la mañana.” Los exegetas ven en el gesto confirmación de la herencia oral que el texto carga, los poetas la necesidad de repetir el milagro que, olvidándolo sus recipientes por cotidiano, les concede rodar por las minucias que entre estos alimentan la batalla, frente a una naturaleza que sin cesar los iguala.

En el Anūnatvāpurṇatvanirdeśaparivarta, texto budista del siglo quinto, originalmente escrito en sánscrito y del que solo sobrevive una traducción en chino, se declara que por el universo no tener principio ni fin, la energía tampoco puede ser creada ni destruida. Mil años después que Parménides postulara lo mismo, idea que aún perdiste como fundamental e inviolable en la ciencia moderna y que en la mentalidad popular se pierde, en las prácticas que con libertad y despreocupación consumen la vida propia y de otros; la falacia de que su falta de valor la hace desechable.

Una casa en la estepa sobresale por encima de la hierba a gran distancia. Pero los frecuentes recorridos a caballo la pueden hacer desaparecer en el inmenso e indistinguible horizonte de verdes y amarillos que, sin puntos de referencia haría a cualquier forastero perderse en la desesperación de su inesperada muerte.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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