Antípoda de Navier-Stokes

El sonido constante e inmutable se percibe como silencio.

No hay tal cosa como el autoexilio, pues las necesidades que convencieron al intelecto, la razón de la partida, fueron las que con el alboroto el lugar de origen ocultó su inhabilidad de saber o querer proveer, obligando a buscarlas en el extranjero, la definición misma de exilio.

Mis interlocutores se sorprenden al escuchar que aún existen algunos doscientos idiomas vivos en Las Filipinas. Para minimizar el asombro gusto añadir que en un lugar mucho más pequeño como la ciudad de Nueva York, se hablan más de ochocientos diferentes lenguajes.

La muy antigua manía oficial de tallar victorias en piedra, fuesen ciertas o no, aún continúa, aunque por lo general, las almas de las piedras han sido dejadas en paz, optando por superficies mucho más extendidas y por lo mismo, más frágiles. Si algún día el vulnerable hilo del que cuelga nuestra civilización fallara, las piedras egipcias, mayas y persas intentarían de nuevo contar su verdadera historia. No sin olvidar que de todas las fotos de la aparente desolada Luna, Marte y los cometas, han sido las recogidas rocas, sin necesidad de escritura humana, las que mejor nos dicen lo que son.

Los abuelos de mis bisabuelos construyeron la isla que a veces invento. Una callada lejanía de misterioso entendimiento que modelo, con ecuaciones preliminares de remolinos azules, creadas en el principio de los vientos.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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