En Boston conocí la claridad de la injusticia mezclada con la falta de lenguaje para enfrentarla. Donde la satisfacción del que es dejado atrás debe encontrarse hacia adentro, en el círculo íntimo, pretendiendo que nada existe más que eso. Sangre que corre por las venas e inunda el corazón de recuerdos, de los buenos tiempos, la niñez empedernida en la fantasía y el sueño. El mundo que ya pasó, pero aún palpita en el centro. Si la Inteligencia Artificial es tan querida por los poderosos y sus seguidores, por su capacidad de recopilar datos y organizarlos con una velocidad que nos revela con claridad el panorama de cualquier situación, junto con sus proyecciones futuras, todo con la impresionante habilidad de anunciarlo al mundo entero de forma casi instantánea, por qué no preguntarle sobre el calentamiento global, las causas de la pobreza, y el robo de fondos públicos. Eso fue lo que hice y aquí las respuestas. Nada que no hubiésemos estado diciendo por los pasados 150 años o más. El revuelo lo causó la posible solución de las ecuaciones Navier-Stokes. Lo demás puede venir el mismo Dios y decirlo, cosa que se alega ya ha hecho, con la ignorancia y desprecio como los platos a servir sobre la mesa.




