
Predecir el futuro es escoger de entre sus infinitas posibilidades, y por lo mismo, las probabilidades de estar equivocado son arrolladoras, siendo mucho mejor evitar la tentación. Problemática que también se extiende a un pasado que parece fijarse en sus textos o estratificación geológica, mostrando tan solo una ventana de una complejidad que se hace imposible atrapar en su totalidad. Jamás podremos saber con certeza que había en el corazón y la mente de los antiguos, enseñanzas que constantemente se reinterpretan de acuerdo a los cambios del presente que lo observa y que para los ancestros, también tenían una rica variedad de interpretaciones. Es la derrota de la definición como logro que nos permite cerrar un capítulo de dudas y nos impulsa a seguir adelante, hacia el próximo misterio que espera por nuestra resolución final, pues las cosas nunca se aclaran de manera definitiva, sino que en su mejor derrotero se convierten en fascinantes maravillas que se revientan en interesantes, emocionantes e inesperados caminos por investigar. Una realidad que de entenderla como tal, moldea nuestra existencia y actitudes sobre todo lo demás, diluyendo por absurda la prédica de una vía única a seguir, y abriendo un mundo de apreciación por la contribución y ángulo que cualquiera pueda ofrecer; el desmantelamiento final del poder y todos los privilegios que lo sostienen.
