Hoja de diario

Olvidamos lo divino en favor de la metafísica, la filosofía en favor de los océanos, los mares en favor del electrón, y el futuro en favor del presente como el único de todos los tiempos. El renegado ritual, el despojo de lo acumulado, la limpieza que en libertad nos permite releer los históricos documentos, entre la siembra y el alimento de los pollitos. Es el preciado lapislázuli que a todos digo tengo y que por desconocerlo, a nadie le interesa tenerlo. Así cuando lo engancho al aire en los cordeles del tiempo seco, no me da miedo y me entristezco. Por suerte tengo enamorada a la humedad, para que no destroce mis libros, colando café de testigo en las mañanas de paso fino. Un teatro de cortina en las ventanas que abre su acto matutino, en la emoción de rayos desabrigando la idea que agotada anoche se quedó dormida. Si despierto es porque la poción, que de extraña opción me preparan se quedó en el frasco del perdón y la esperanza. Yo me hago el desentendido, para que piense no sé nada. Ella se alegra que ya no duermo, para que me cuestione las sospechas de su empeño. Y ya para el almuerzo nos encontramos agradeciendo la finitud de lo nuestro, optando por lo más dulce que merece el corto momento. Pues en el horror de ser eternos no tendríamos mas remedio que hacerlo todo, en una infinidad de sustos y repetidos disgustos, donde solo la mitad del tiempo quedaría, para practicar la mirada que no guarda remordimiento.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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