
En el accidente no hay intención. Por esto la inmensa mayoría de los actos de premeditada desconsideración se adhieren a la descripción accidental, como su eufemismo favorito. Si esto no le funciona al agresor, el siguiente escalón es atribuir su proceder a un asunto de defensa propia, el resultado lamentable de haber sido objeto de un ofensiva externa, sin provocación alguna. De aquí al ataque preventivo, es decir, sobre la mera sospecha del inminente asalto, existe solo un paso, todo envuelto en la lectura de la innerente inestabilidad del sistema internacional, y la necesaria intervención permanente, como mecanismo para evitar el caos. Matar para evitar la muerte. El libreto es tan antiguo como contemporáneo y su persistente eficacia, a pesar de haber sido descifrado y develado en innumerables ocasiones, fuente de asombro que siempre abre la puerta a la narración de que todo responde al orden natural de las cosas en donde unos siempre dominan a otros.
Haré una lista de mis enemigos y la escribiré sobre vasijas de barro húmedo, para luego de salidas del horno romperlas en pedacitos malditos que sepultaré en un gran hoyo que cavé detrás de mi casa. Pero aún cuando el barro abunda en los alrededores de un valle que entre montañas, era el fondo de un milenario lago que aunque secado, las lluvias anuales insisten en inundar, no tengo horno y desconozco por perdido el arte de una cerámica común entre los ancestros que habitaron similares lugares. Hoy todo esto es solo bueno para cultivar arroz que apenas cubre las necesidades alimenticias y financieras de la comunidad y yo, que solo sé de papeles, aprovecho para escribir historias sobre los que nos roban, para enterrarlas en el anonimato de quien perdió su eslabón en la cadena de producción, donde soñarán con que futuros arqueólogos puedan entender quienes fueron los causantes de todo lo inexplicable que pretenderán haber hallado.
