
Historias construidas tras la conjugación de espejos son hijas del medioevo. El Renacimiento añadió el texto como nueva capa para las lucubraciones. Hoy la esfera de la inspiración se ha engrosado con niveles que incluyen el batir de alas de algún insecto amazónico, el linchamiento de un negro norteamericano a manos de la policía, y las confirmadas ondas gravitacionales creadas millones de años atrás en el colapsar de dos estrellas de neutrones, imaginadas primero por Einstein, hace tan solo algunas décadas.
Platón, que escribió como nadie, no lo hacía para vender libros. Tenía su Academia. Un foro donde sus ideas eran recibidas y debatidas, fluyendo entre los mortales. Suficiente combinación para impactar tanto su presente como su futuro. Por esto hoy la desaparición del libro, o su reducción al mínimo no me preocupan. Después que pueda comunicar mi pensar y de alguna forma registrarlo, solo queda cuidar por la calidad de mi producto y lo demás depende de suertes y circunstancias que están fuera de mi control o si no, absorberían una porción considerable de mi tiempo y esfuerzo, tanto como para hacerlo indeseable, por dejarme casi nada para la creación.
Construí mi propio monasterio con esposa e hijos. Por lo demás soy un monje dedicado a la lectura, la escritura, la reflexión, la soledad y la enseñanza. También cultivó la tierra y cuido de mis animales.
