Panes y peces

Las historias eran viejas y nuevas a la vez. Tan presentes como la letra de una canción de Bad Bunny, y tan antiguas como el encuentro entre Cortés y Moctezuma. Así era la mezcla de lenguajes y tradiciones que los lectores contemporáneos de Homero tenían que enfrentar. Una buena estrategia narrativa a considerar por cualquier escritor, si es que se aprecia la longeva popularidad de La Ilíada y La Odisea.

Un texto literario puede ser una grieta por donde estudiar la sociedad desde donde se escribió. Pero también es el esfuerzo intelectual de quien selecciona el material que le ayuda a imponer una lectura sobre su presente que, en un futuro que dependa exclusivamente de la evidencia arqueológica, otro muy probable sería el entendimiento de lo que eran. El texto bíblico es un buen ejemplo del desfase que promueve entre lo que se quiere predicar y lo que la evidencia física es capaz de sostener.

A un médico se va por haber perdido, hace mucho tiempo atrás, la capacidad para entender las enfermedades y seguir el más apropiado de los tratamientos. Una ultra especialización de nuestra era que olvidó los históricos principios de una comunidad que compartía el saber, consolidando así la monetización del conocimiento, junto con una separación entre la información y las mayorías; la clave del dominio. Así, cualquier depositario de erudición presente que pretenda ser revolucionario, debería considerar la búsqueda de formas de separarse de la enseñanza oficial y repartir, mejor regalar, lo que sabe. El nivel de desprecio con el que se tenga que bregar, tanto de parte de los poderosos, como de los que aspiran a serlo con la ciencia, será buena medida para confirmar o ajustar el buen camino de la irrelevancia personal que con empeño se cosecha, esparciendo de gracia lo que se aprendió.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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