
El sacrificio como dador de vida es una muy antigua y persistente creencia humana que, por su carencia de sentido, es difícil concebir y necesario explicar, pues triunfa evadiendo su abandono, como si la energía que sostiene la existencia fuese escasa, y se hiciera necesario tomarla de unos para darla a otros. El Panchatantra es también una ancestral colección de fábulas que ha sido traducida a casi todos los idiomas de la India y el mundo. Un texto perdido en sánscrito que luego de hablarle en lengua local a los rincones del planeta, a vuelto a ser, siglos después, reescrito en su idioma original. Una colección de historias, ajustes y añadiduras con la tarea de mantener un balance entre la evolución de la cultura, y la desconocida, pero siempre intentada, fuente de la tradición. Como quien esconde su más íntimo secreto compartiendo la más desnuda de las verdades. Sócrates nos decía que los opuestos dependen uno del otro para ser, y si hay muerte es porque viene de la vida. Así no es sorprendente pensar que el existir viene de lo que no era, o sea, de lo muerto. Pero hay muchas maneras de morir, y los átomos que constituyen nuestro cuerpo fueron forjados en el lento consumo de una estrella que reventó al final de su existencia y por ello, hizo innecesario el sacrifico de animales, mucho menos de humanos, para garantizar la formación y continuidad de una vida que depende para surgir, de una transferencia de energía sí, pero que puede venir de cualquiera de los rincones que la infinitud del universo tiene para ofrecer. Así se sostiene el “no matarás.”
