Yo en el pasado

La habilidad de enfrentarse a un pedazo de evento y de inmediato elaborar una posible historia que explique su razón y naturaleza, como punto de partida para una extrapolación que describa el contexto mayor, es innata en el humano. Sin embargo, la calidad de los resultados de tal ejercicio, entre alguien que ha estudiado mil libros y aquel que solo dependa de la intuición, son muy diferentes. Las figurillas halladas en excavaciones de áreas pobladas durante la Edad de Piedra, mostraban representaciones femeninas que arqueólogos de los años setenta del siglo pasado identificaron como diosas, instaurando una lectura sobre el carácter matriarcal de las civilizaciones en la era. Pero esta interpretación ha sido propiamente desbancada por ejercer una falta de rigurosidad científica que se apoyaba más en el deseo de lo que debería haber sido, que en la evidencia. Según las más recientes evaluaciones arqueológicas las figurillas, que en menor cantidad eran también masculinas o asexuales, podrían haber sido muchas cosas en diferentes contextos geográficos y culturales, incluyendo juguetes para los niños o muñecas para las niñas que luego de crecer terminaban en la basura, lugar de donde frecuentemente se han desenterrado.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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