
La habilidad de enfrentarse a un pedazo de evento y de inmediato elaborar una posible historia que explique su razón y naturaleza, como punto de partida para una extrapolación que describa el contexto mayor, es innata en el humano. Sin embargo, la calidad de los resultados de tal ejercicio, entre alguien que ha estudiado mil libros y aquel que solo dependa de la intuición, son muy diferentes. Las figurillas halladas en excavaciones de áreas pobladas durante la Edad de Piedra, mostraban representaciones femeninas que arqueólogos de los años setenta del siglo pasado identificaron como diosas, instaurando una lectura sobre el carácter matriarcal de las civilizaciones en la era. Pero esta interpretación ha sido propiamente desbancada por ejercer una falta de rigurosidad científica que se apoyaba más en el deseo de lo que debería haber sido, que en la evidencia. Según las más recientes evaluaciones arqueológicas las figurillas, que en menor cantidad eran también masculinas o asexuales, podrían haber sido muchas cosas en diferentes contextos geográficos y culturales, incluyendo juguetes para los niños o muñecas para las niñas que luego de crecer terminaban en la basura, lugar de donde frecuentemente se han desenterrado.
