
Los talleres que forjaban el hierro en la antigüedad, eran los centros tecnológicos de la era y, los gobernantes que celaban su importancia militar, hacían del herrero el poseedor de un conocimiento al que se debía controlar. La lógica presente no ha cambiado, solo la tecnología y por esto, las historias de poder y guerra del pasado son aún las mismas y seguirán siendo, a menos que algo cambie las estructuras humanas del organizar y el pensar. El desarrollo de una ética que tenga como prioridad el bienestar total del otro permanece como la mejor alternativa, aún con su larga historia de fracasos. Racionalidad y espiritualidad, junto con todas sus formas y variantes, se han intercambiado con regularidad de épocas el tono de las conversaciones. Lo que nunca ha cambiado es la ambición de control y acumulación, siendo este el verdadero principio de todos los males. Ahora Facebook se ha inventado compartir con los usuarios un análisis estadístico de sus publicaciones, con el supuesto objetivo de ayudarnos a pensar y decidir qué tipo de envíos generan más atención. A mí me dejan saber que las fotos y vídeos de mis cabras producen un porcentaje de visitas extraordinariamente superior a mis poemas y reflexiones críticas, como si para mí esto fuera la gran noticia. En otras palabras, que no conformes con desarrollar un algoritmo que sepulta los resultados del pensar en favor de la políticamente inconsecuente banalidad, ahora quieren que sea yo mismo el que, convencido de mi pérdida de tiempo, deje de estar publicando las observaciones acumuladas por una madura y estudiosa longevidad. Se pueden también ir a las ventas, antes de que lo olvide, con sus cuestionarios sobre mis ideas del producto, queriendo hacerme trabajar además de gratis para lo que antes les costaba millones en asesorías e investigaciones profesionales.
