Devoto aprendiz

En el deseo ardiente de cumplir una misión absurda, termina pagando las consecuencias el objetivo equivocado. Luego la falta de olvido conserva la semilla de la venganza, latente simiente con que la maldad cuenta, en sus firmes aspiraciones de permanencia o regreso, pues es solo en la desmemoria de lo horrible que se puede cultivar algo nuevo y bueno, fuera de la envenenada lógica que antes destruyó.

Hubo algún evento en nuestro temprano pasado, quizá dos, en los cuales hemos invertido el pensar de una vida. No porque fuese el obstáculo o trampa que nos detuvo en un mismo lugar, sino como la aceptación de la complejidad que lo clave puede tener, cuando en el inicio lo creímos sencillo y por largo tiempo hemos ido escarbando su inesperada profundidad, para al final sintetizar, una nueva y renovada sencillez.

El hecho no espera por nuestra aprobación, y mucho menos por nuestra convicción, para pasar arrollador sobre nosotros y precisar la dirección de nuestro proceder. Solo el que escribe, aceptando el silencio y la falta de oídos como las circunstancias que lo agobian sin su permiso, se atreve a soportarlas en la determinación de señalar, describir y desmenuzar su tiempo, en la dulce y vaga esperanza de entenderlo.

He aquí lo que soy por lo que he visto. Déjame saber de ti para ambos disfrutar dos explicaciones diferentes capaces de describir el mismo evento. Y, aunque sabido es lo problemático de añadir un tercer cuerpo que hace imposible predecir mucho más allá de lo inmediato, sospechemos juntos que es a esto lo que llaman belleza.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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