
En el deseo ardiente de cumplir una misión absurda, termina pagando las consecuencias el objetivo equivocado. Luego la falta de olvido conserva la semilla de la venganza, latente simiente con que la maldad cuenta, en sus firmes aspiraciones de permanencia o regreso, pues es solo en la desmemoria de lo horrible que se puede cultivar algo nuevo y bueno, fuera de la envenenada lógica que antes destruyó.
Hubo algún evento en nuestro temprano pasado, quizá dos, en los cuales hemos invertido el pensar de una vida. No porque fuese el obstáculo o trampa que nos detuvo en un mismo lugar, sino como la aceptación de la complejidad que lo clave puede tener, cuando en el inicio lo creímos sencillo y por largo tiempo hemos ido escarbando su inesperada profundidad, para al final sintetizar, una nueva y renovada sencillez.
El hecho no espera por nuestra aprobación, y mucho menos por nuestra convicción, para pasar arrollador sobre nosotros y precisar la dirección de nuestro proceder. Solo el que escribe, aceptando el silencio y la falta de oídos como las circunstancias que lo agobian sin su permiso, se atreve a soportarlas en la determinación de señalar, describir y desmenuzar su tiempo, en la dulce y vaga esperanza de entenderlo.
He aquí lo que soy por lo que he visto. Déjame saber de ti para ambos disfrutar dos explicaciones diferentes capaces de describir el mismo evento. Y, aunque sabido es lo problemático de añadir un tercer cuerpo que hace imposible predecir mucho más allá de lo inmediato, sospechemos juntos que es a esto lo que llaman belleza.
