
Conectados con la finura de un robusto pensamiento y el palpitar cultivado del corazón, los dedos abren caminos que contribuyen a la cartografía del territorio inesperado, descubierto por el novedoso ángulo. No se procura lo creativo así como no se busca el amor. Simplemente se observa con la misma intensidad que una vida plena encuentra siempre la pasión. A menos que la fuerzas del mal se confabulen e impidan, para beneficio de unos pocos, la manifestación plena del espíritu humano.
Un día los Bill Gates y Steve Jobs de la industria decidieron eliminar los floppy disks, luego los discos duros portables y en un chasquido de dedos desaparecieron los registros de billones de personas e instituciones. No lo pensaron dos veces ni consideraron las consecuencias para la humanidad, más allá de su deseo de innovación y ganancia financiera. Se guardaron por algún tiempo estas memorias en las gavetas personales de los usuarios, con la esperanza de que siempre existieran o quizás se fabricaran en un futuro, máquinas y formas de recuperar lo temporeramente perdido, y así fue. Pero la larga espera venció a la paciencia y la basura se tragó mucho más que lo que jamás pudo ningún fuego en la vieja Alejandría. Hoy se pueden conseguir con dificultad y demasiado tarde instrumentos que lean este legado. Pero la inmensa mayoría de una memoria en su desvanecer tuvo beneficiarios que no fueron sus creadores y mucho menos sus nunca realizados lectores.
Parte de lo que hoy ocurre con el menosprecio del pasado y la reflexión instantánea que depende solo del momento, encuentra su raíz en este tipo de coordinados eventos. La prevalencia de una actitud mayormente masculinidad que inútilmente insiste en su capacidad de, en cualquier momento, entenderlo todo y que, de manera sorprendente —sobre la que se debe teorizar—, ha desbancado, por lo menos por el momento y con intenciones claras de permanencia, la agresiva timidez del pensamiento igualitario.
