Rutina

El silencio lo despertó. Las voces partieron sin avisar y mucho menos decir adonde. Aun así veía labios moverse y manos gesticulando, con el ocasional movimiento de brazos y cuerpos. Sintiéndose extraño cerró los ojos a ver si el sueño regresaba con los sonidos, pero fue inútil. Había desadormecido en el sigilo, alerta y sin sonoridad como herramienta para interpretar sus alrededores. La espera por el cansancio de la noche le pereció eterna. Cuando eventualmente se quedó dormido, el retorno del escándalo y lo musical le causaron gran melancolía, al saber que en unas seis u ocho horas regresaría el mutismo general. Durante el día nadie parecía notar su sordera, tomándolo como un tipo de pocas palabras. Sus reportes escritos y producción manual permanecieron inalterados, y esto ayudó a la normalidad. Hizo intentos de comunicarse con palabras y, aunque sus labios se movían, nadie parecía prestar atención a sus palabras, las cuales persistían tan irrelevantes como lo eran las que salían de otros labios. Al pasar de las semanas y los meses llegó a pensar que la vida había sido siempre así, y que los sonidos pertenecían al mundo onírico, el único en donde parecían existir. Hace ya varias décadas que pasa los días sin escuchar a nadie y sin que persona alguna lo escuche. Las conversaciones, fragmentadas y dispersas, solo ocurren cuando anda soñoliento, y todos parecen aceptar que las cosas son simplemente de esta manera.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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