
La ventaja de una larga vida en una época como la nuestra, es la capacidad de experimentar grandes cambios que en el pasado tomaban centurias. Si a esto le añadimos el acceso casi ilimitado a la información y estudios sobre los acontecimientos de cualquier era anterior, tenemos en nuestras manos un seductor material de análisis sobre las transformaciones humanas, con interesantes postulados sobre las posibles direcciones que el futuro nos depara. Por supuesto, la cantidad de personas que dedican sus energías a este proyecto es quizás más pequeña que nunca y aún así, permanece altamente peligrosa para la lectura que ofrece a los que escuchan, que tampoco son muchos, pero que en tiempos de insatisfacción, tienen el potencial de crecer de manera exponencial en bien poco tiempo.
A principios del siglo pasado, un intelectual chino que había entrado en contacto con El Quijote de Cervantes, envuelto en fascinación se decide a traducirlo al chino, excepto por el detalle de que no conocía el español, ni tampoco el francés, ni siquiera el inglés o ninguna otra conocida publicación sobre la cual trabajar. Sin embargo, se topó con otro estudioso que conocía algo de inglés y, con una copia en este idioma, se la fue leyendo y traduciendo oralmente a Lin Shu, nuestro curioso estudioso, logrando este último publicar una maravillosa edición en mandarín que de hermosa manera parafrasea el clásico español, y que hoy leo en San Leon.
En mi tierra se encontraron las dos mitades de mis antepasados. Unos cruzaron el mar del sur en troncos tallados, los otros las aguas del norte sobre cruces de palo y yo, como si en mis venas corriera, volé en metales huecos el gran Pacífico, para que mis hijos completaran la tripleta.
