
Es posible enlazar 1,000 argumentos matemáticos con sus respectivas conclusiones y, al final de la cadena, permanecer correcto. Si se piensa que la matemática es el lenguaje de las ciencias, la extrapolación es alucinante. Aun así, y evitando la homegeneidad, como es su costumbre, el mundo de lo exacto, en la creativa búsqueda de nuevos campos que, mientras más inexplorados e inimaginables, más atractivos se hacen, las matemáticas muestran una alternativa al proyecto de la nación que insiste y logra que todas las ciudades y pueblos dentro de su territorio se parezcan, enarbolándolo como logro y bandera a proteger, ante toda extranjera maldad. Sin embargo, nada le es extraño a los constructores de teoremas y pruebas y, cuando la realidad se les hizo caótica o indeterminada, descubrieron el mundo de la probabilidad y la estadística, no sin dejar de mencionar los clásicos hallazgos como la diagonal de un cuadrado de una unidad inaugurando el desconocido mundo de los irracionales, y la ocurrencia de buscarle la raíz cuadrada a una cantidad negativa y desenterrar los números imaginarios, claves hoy en la electrónica y la mecánica cuántica. Felices con la aceptación y promoción de modelos incompatibles que de manera diferente explican el mismo evento de forma correcta, se frotan las manos ante la idea de trabajar su unificación, desbordados de placer si en el proceso hallan aún más estructuras lógicas que añadan al inventario de lo disperso y desconectado, como si una pletora de espíritus le dictaran la interminable multiplicidad y dichosa coexistencia de los incomprensibles secretos que guarda el universo, preparándoles para el glorioso momento donde puedan derrumbar con solidez su previo pensar y, ante la luz pública, anunciar nuevos paradigmas que en discrepancia explican todo mucho mejor. No son pensadores sociales lo que tenemos aquí, empecinados en el dogma que alguna vez parecía que iría a funcionar a la perfección, condenados a una repetición que no acepta ajustes, sino la encarnación misma de la filosofía, enamorada del saber y comprometida solo con la pregunta.
