
Si el aroma de una rosa llama, es porque las flores se comunican y, como cartas mensajeras cargan poemas, sentimientos y la posibilidad de una ilusión que trace mapas para el resto de nuestros días. Una capacidad para la interconexión que si se toma como centro de nuestra humanidad, hace que todo sea humano o, más correcto aún, que lo humanos seamos parte de una realidad que vive, crece o muere en el arte de la relación.
La alegría es un derecho que debe ser garantizado. La risa sin embargo es conservadora, una automática reacción a lo diferente, a lo que se considera extraño y se tilda de ridículo. Pero nada que nos impulse a dar saltos cualitativos proviene de la continuidad, sino por el contrario, nace del ángulo o punto de vista nunca antes considerado, haciendo de la carcajada, el expandido y eficaz instrumento de los que prefieren dejarlo todo como está.
De haber tenido biblioteca, Eusebius Pamphili se hubiese retratado frente a sus libros. Pero a falta de estos, se aseguró de tener un rollo de manuscrito en su mano, como símbolo de su conocimiento y sabiduría. Mi vecino y su suegra, que trabajaron por décadas en el Líbano, como empleados domésticos y choferes de familias enriquecidas en corporaciones de seguros, aprendieron el idioma local y su cultura, y ahora retirados, han traído a nuestro apartado barrio de cultivadores de arroz, conocimiento técnico y las recetas de unos panes que son para morirse de la delicia. La derivación contemporánea de una lengua que con sus mitos fenicios inspiró a Hesíodo en Grecia, y todo lo que eventualmente se deriva de él; junto con los mismos tratamientos de unas harinas horneadas que humeantes se repartían en las mesas del obispo de Cesarea, en el tercer siglo de nuestra era.
