
Gioacchino Assereto (1600-1649)
oil, (46 c 39.7 in)
Collection: Eggenberg Castle, Graz, Austria
El idioma inglés tiene muchas poderosas palabras que no poseen traducción exacta al español. “Tantalize” es una de ellas. Atormentar o mortificar es el equivalente más usado, pero se quedan cortas en expresar una realidad que va más allá de aterrorizar o molestar sin cesar. Su origen se explica mejor si se considera, para poca sorpresa, su procedencia del personaje griego Tántalo, hijo de un dios y una mortal, quien se había ganado el favor de los dioses plenos, hasta el punto de ser invitado a la mesa con ellos. Quizá su herencia divina fue suficiente para el privilegio, o tal vez su tendencia a intercambiar información entre dioses y mortales, lo que le había hecho atractivo a los miembros en pleno del Olimpo, por la información que estos recibían de las minucias humanas que a ellos se le podían escapar, y de las que aun así consideraban importantes mantenerse al tanto. Pero quien lleva y trae por lo regular no se compromete con ningún bando, pues su placer está en el ejercicio mismo de la lengua. Así fue como sin contenerse, Tántalo pasó valiosa información sobre los dioses a los mortales, recibiendo el castigo de los primeros, de ser enviado al tormento de un lugar que lo mantenía con el agua hasta el cuello, bajo un árbol de ramas bajas llenas de frutas. Esto no parecería tan miserable, hasta que se sabe que cada vez que a Tántalo le daba sed e intentaba tomar de las aguas bajo su rostro, estas bajaban de nivel, haciéndole imposible calmar su necesidad. A la vez, cada vez que le daba hambre y quería alcanzar las deliciosas frutas que tan cerca a la vista tenía sobre el, se daba cuenta de que estaban también lo suficientemente altas para hacerlas imposible de agarrar. “Tantalize” es entonces la palabra que describe no solo la tortura insistente a la que se puede someterse a un ser humano, sino incluso el hecho de que lo necesario, lo anhelado está tan aparentemente al alcance y aun así, imposible de tener.

Aprendo sobre Tántalo motivado por un texto del mexicano Alfonso Reyes el cual en 1911 y con tan solo 20 años de edad publica su primer libro que ahora leo, “Cuestiones estéticas,” en donde no solo demuestra un dominio de la mitología griega, —Tántalo es un personaje oscuro el cual requiere cierto esfuerzo investigar— sino que además se embarca en una prosa poética que elabora la antigua historia en implicaciones que van mucho más mucho más allá de lo que la documentación sobreviviente confirma. De Reyes aprendí con la lectura del libro “El arco y la lira” de Octavio Paz; texto imprescindible para todos aquellos que quieran hacer un reflexión profunda sobre la verdad poética. En su escrito, Paz nos dice que la lista de personajes a agradecer es inmensa y que en lugar de hacerlo al principio, los irá mencionandos en su momento a través de las páginas. Con la excepción de Alfonso Reyes, la única amistad a la que consideró nombrar de entrada, en reconocimiento a las hondas y bellas tertulias que compartieron.

