
Decir “todo es política” es la entrega de la definición de realidad y su proceder, a los que controlan los asuntos de la ciudad, la polis. Una capitulación que apuesta su destino, y el de su causa, a los mecanismos de una estructura que está diseñada para servir a los que de él se benefician y, solo sustituyendo a los presentes ocupantes de las sillas del poder, se piensa que se estará en posición de adelantar el ideal que se impulsa, sin haberse dado cuenta que el acceso al control de la política implica un servicio a los diseñadores de una maquinaria que no ofrece espacio para su desmantelamiento. Con esto se abandona la única oportunidad real de cambio que solo se puede cuajar en las afueras de un universo que no permite transformación, ni sustitución en el objeto de sus beneficiados, esto es, los creadores y sostenedores del sistema y, usar toda nuestra energía y habilidad de arte y pensamiento en el intento de moldear una maquinaria que resiste reasignación, es una triste pérdida de talento que encontraría mucho mejor y mas productivo uso, en la elaboración de una imaginación, ética y ejemplos del actuar en espacios inesperados que efectivamente demuestren que otra realidad sí es posible y, que con el tiempo propiamente desenmascaren lo actual, y lo vayan acorralando en el olvido y la irrelevancia de un inverosímil pasado.
