
Hasta hace poco los poderosos, por ser varios y esparcidos por el planeta, coordinaban para seguir enriqueciéndose juntos, a costa, como siempre, de los menos privilegiados. Hoy, al energúmeno norteamericano le dio por recuperar el mito de su hegemonía total, creando un río revuelto como estrategia donde el, como pescador, terminaría con la ganancia. Demasiado tarde y pretencioso, pues olvida que hay mucho pescador listos en la orilla, que además son maestros del ajedrez.
Escribo para disfrutar del placer que me provoca en todo el cuerpo y alma entender algo nuevo. Comenzar a utilizar esa bendición como herramienta para el reconocimiento me huele mal, por todas las negociaciones y trabas que le restan al goce de leer y pensar con propiedad sobre el papel. Después de la intensidad de trabajar con empeño en las letras por décadas, algo de las montañas de documentos producidos sobrevivirá, y eso será más que suficiente para testimoniar frente a mis hijos, y todo el que se pueda colar, mi compromiso con la vida.
