
La realidad puede contarse de por lo menos dos formas diferentes, como en las ciencias naturales hacen la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica. Ambas lo suficientemente satisfactorias para explicar y predecir eventos en el nivel macro de las galaxias y en el subatómico mundo de las partículas fundamentales, respectivamente, y sin embargo, incompatibles entre sí. En cuanto a la historia y el presente pueden existir también por lo menos dos aproximaciones con similar espíritu, esto es, el pasado y sus consecuencias actuales como parte de prolongados periodos o ciclos que moldean las cosas y sus cambios de manera lenta y extendida, junto con una visión más microscópica que se concentra en una cotidianidad o en sucesos puntuales, para intentar entender y predecir el comportamiento social. Ambos tienden a reflejar también razonables, pero diferentes lecturas de un mismo evento.
No es hasta el siglo XVI que se comienza en Europa a usar el ciclo de 100 años. No habiendo periodización clara hasta entonces, el tiempo se concebía en recurrencias de mucha mayor extensión, lo cual no es extraño en civilizaciones prehispánicas y del lejano oriente. La tendencia de reducir el bloque de tiempo que requiere nuestra atención para entender y decidir se ha acelerado, situación que se refleja en la gratificación instantánea que ofrecen y procuran casi todas nuestras instancias.
Los años han afinado mi instinto hacia lo contrario que la mayoría hace o piensa y, en la mayoría de los casos, ha resultado ser una estrategia exitosa. En otras palabras, se procura la reflexión extendida cuando todos prefieren TikTok, dejando la velocidad para otros tiempos en donde paralizados, los demás no sepan que hacer.
