
Con frecuencia la historia comienza en el tren con reflexiones personales, quizás extrañas interacciones entre los pasajeros que en el inconsciente del lector preparan el cuento a desarrollar, una vez se llega y desciende a la estación. Un mundo encerrrado pero no limitado, como preámbulo a la inevitable expansión de la realidad que espera fuera del vagón. Son historias de principios, tanto como la narrativa contraria implica cuentos de final; como los que sin esperanza aguardan abordar el tren que los llevará a su ejecución. No siempre hubo trenes, pero poco importa. La historia humana es la del ir por lo desconocido, o la resignación del último viaje del cual nadie regresa. De niño jamás estuve en los Estados Unidos, y mucho menos en el siglo XIX. Sin embargo, en el juego callejero al enemigo se le llamaba pieles rojas, y era necesario matarlo pues a esa edad, ya mi espíritu había viajado en tren extrajero, y el próximo sabría a final, pues como era de esperarse, jamás regresé.
