Cengiz Han / Changizi / Changezi

No había literatura en el lugar que originó a Genghis Khan, que con voluntad salió a conquistarla hacia los reinos que por tenerla se entendían custodios exclusivos del mañana, arrebatando símbolos de engreídos mundos para escribir lo que más sonara como su nombre y hacer que los futuros lo pronunciaran.

El alma mater impactó y determinó de forma maravillosa y positiva el resto de mi vida. Una existencia que he pasado encontrando y aprendiendo de lugares y personas capaces de entender el presente e imaginar el porvenir, sin necesidad de haber adquirido educación universitaria. Dos mundos que cuando capaces de sobrepasar la sospecha y el exclusivismo, facilitan el esfuerzo mutuo de adherirse a la bondad como propósito del ser, neutralizando con doble sabiduría las fuerzas del egoísmo.

Si bien las instituciones públicas de educación universitaria están hoy bajo el asedio de un poder que a todas luces ha logrado reducir la inferencia del pensamiento crítico que en ella se forja, no hace muchas décadas atrás este se desarrollaba con mucha más fuerza, y la formación de generaciones que gozaron del privilegio de tener como profesores a intelectuales que con claridad vieron la debacle que se aproximaba, en nada impidió su llegada. Pues en la separación del pensar como profesión que se justifica a sí misma por un lado, y un desarrollo ciudadano independiente por el otro, sin importar que sea por elitismo intelectual o por desmantelamiento político, se pueden encontrar las condiciones para un similar resultado.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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