
Hay una sabiduría acumulada que se codifica en el dicho, el cual con el tiempo también se desgasta y nos acostumbra a repetir lo caduco, lo establecido. Obligarse a pronunciar enunciados que vayan más allá de la refranería, nos abre las puertas de un entendimiento capaz de ver y describir lo que a la mayoría se les escapa, liberando al lenguaje de su acostumbrada rigidez y por lo mismo, cultivando su eficaz evolución, que es el desarrollo mismo del pensamiento. Una agenda que orienta sus prioridades hacia el objeto de la mofa para estudiarlo y seguirlo, sabiéndolo fuente oculta del agua dorada, la promesa de las riquezas por venir. Pensarlo luz, punto de partida sobre el cual todo se despliega y transforma; en todas partes al mismo tiempo y en ocasiones descansar como piedra, siempre ahí, en el beso de la novia e inesperada, en la mirada del extranjero. Recipientes inadvertidos de un corazón que en la sorpresa expulsa la tonada precisa despidiendo la idea, hacia donde más se necesitaba.
