Branches in the wind

Los imperialistas romanos gustaban de aprovechar el momento. Así Horacio inmortalizó en sus Odas el Carpe diem, una sociedad que no dejaba para mañana lo que pudiera conquistar hoy, develando la brutalidad que encierra la premura del presente. Pasados y futuros, con sus anquilosamientos y divagaciones, contienen también sus defectos que invariablemente terminan por nublar el criterio humano. Hoy, como si por la puerta de la cocina, nos ha llegado un inesperado resultado que, a todas luces, ofrece una certera descripción de como la naturaleza del universo entiende su propio tiempo que, para empezar, no tiene ninguno. Ecos del viejo Parménides que en la grandeza de los increíbles pensadores griegos de la antigüedad, ya había sostenido que no puede haber principio ni fin. Ha sido entonces el comportamiento de las partículas del átomos, y las ecuaciones matemáticas que las describen, los cuales nos han confirmado de manera rigurosa, para orgullo de Descartes, que el sabio de Elea tenía razón. Un universo donde todos los posibles tiempos y caminos existen de manera simultánea y, aferrase a alguna de las conjugaciones del presente, pasado o futuro para entender nuestros alrededores y así determinar nuestras acciones, es la más irreal do todas las estrategias. John Travolta interpretando el papel de George Malley en la película Phenomenon, un joven de vida común en un pequeño poblado, al ser impactado por unas luces que una noche descendieron del cielo, se va dando que cuenta que el evento le ha provisto de una calidad y comprensión inaudita sobre las cosas. Devorando todos los libros de la biblioteca pública, intenta compartir sus ideas con los demás miembros de la comunidad, los cuales, como era de esperarse, terminan considerándolo como una aberración casi monstruosa. Frustrado y lleno de ansiedad por la incomprensión social, parace querer descargar toda su ira con el arado del huerto casero, hasta que una brisa comienza a mover lentamente las ramas de los árboles que parecían danzar, ajustándose, al evento mayor del cual eran parte. Observar este fenómeno fue la clave para George, de lo irrelevante y errado de juzgar el momento por su presente, cuando en el gran esquema de las cosas la norma es adoptar y bailar con las circunstancias, en la espera de que la belleza y paz que simultáneamente existen en nuestra realidad, se hagan escuchadas en nuestra conciencia.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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