Concepción

El que se mete a cristo termina crucificado, decían mis adultos en La Isla y, aunque es interesante imaginar un mundo sin cristianismo sería fútil, pues el abrazo a lo que se entiende por verdad necesaria, en contra de las fuerzas establecidas, es un espíritu que ha rondado y aún mueve a la humanidad por todas partes. La actitud quizá más difícil de recordar y mantener, para los que practican el mesianismo, es la falta de violencia en el proyecto, siendo que para Jesús, Sócrates, Martin Luther King Jr., y un selecto grupo a los que se les podría llamar realmente iluminados, la muerte no estaba en sus agendas, a menos que por imposición ajena, fuese la suya propia. Comportamientos tan poco comunes que parecerían una extraña mutación de la cual somos incapaces hacernos parte. Lo que se pierde de vista es que toda acción presente, mayoritaria en su humanidad, fue en su principio una desviación única de lo existente, como nuestro género mismo y que, de modestos e improbables inicios, terminó arropando el planeta. Pues todo mandril en su origen fue célula, y de la más leve caricia despierta el amor de toda una generación.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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