Apuntes

Hay pereza en el coro y honra en el esfuerzo de rebuscar lo impensado, en la sorprendente combinación. Piense que desde la perspectiva de un fotón, la partícula mínima de luz, energía pura, el viaje de un extremo a otro del universo ocurre de manera instantánea, y en el momento que se sacrifica el primer animalito para satisfacer a algún dios, instante que permanece grabado en la eternidad, se permitió alimentar lo peor de la humanidad; consecuencias que, por supuesto, aún cargamos.

Dicen que el encorvado se pierde el cielo, como si en las páginas y el andar de las hormigas no hubieran cosmos que incluyan la caricia imposible de olvidar, tanto más una bofetada. Si toda acción puede ser justificada, solo nos queda la moral como espacio de salvación contra la maldad. Las reglas lógico-matemáticas que con consistencia describen los elementos de un conjunto, a la vez crean, según Gödel, la posible existencia de lo que terminó fuera.

Entre los siglos séptimo y noveno, los emperadores tibetanos ejercían control militar sobre una amplia geografía que incluía lo que hoy es Pakistán. Podría entonces escribir “ya no hay misterio,” a pesar de su imposibilidad, y a menos que en el camino halle un río, los perros siempre me encontrarán. Así la respiración no pudo ser dejada a la conciencia, moriríamos dormidos, tornando la tierra de los sueños en la ilusa permanencia de quien se desconecta con el infinito y las estrellas que cocinaron el carbono y oxígeno que intercambiamos con las plantas.

Preciso se hace entender que la impotencia frente al tonto con recursos se refugia en el inminente error que tarde o temprano lo sacará de circulación, terminando por añadir un nuevo nombre a la lista, pues la tontería es universal.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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