Súbita melancolía

Alberto Durero (1513-14)

Hasta finales del siglo XIX se pensaba que los diferentes niveles de salarios representaban una ley natural que la lucha obrera era incapaz de cambiar. En otras palabras, las cosas son como son y el nicho social donde te tocó nacer y trabajar responde a una ley divina que solo los trastornados de mente son capaces de cuestionar. Una arrolladora valorización del individuo se ponía en marcha, cuyos efectos aún vivimos, desbocando en la impredecible actitud de un pensamiento que se justifica a sí mismo, por el simple hecho de ser producido por un ser de incalculable valor. Se desmantela sin querer una razón que dependía del consenso, sustituyéndola por la capacidad carismática que logre despertar mayores emociones y por lo tanto adeptos, como nuevo norte para la acción. Un impetuoso proyecto de libertad que en el mundo de el capital nos ha dejado prisioneros dentro de nuestra propia piel, desbandados, y en añoranza de los viejos sistemas de apoyo que, con reflexiones que cargan más de un siglo de atraso, han quedado disueltos en la ineficiencia. Una especie de luz bloqueada por la espesura de un bosque que al dejar filtrar unos pocos rayos, nos hace pensar que en lo alto aún brilla un sol. Un jardín urbano desplegando la nostalgia de una cuidad empecinada, negando haber destruido el bosque.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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