Pasión de peregrino

La común desestimación que crea lo inesperado, es el taller donde florecen los artistas de todo campo, quebrando los sellos de lo impensable, abriendo los baúles de lo imposible, la cultivada capacidad de siempre mirar para el otro lado. El horizonte del mar como reto a vencer los temores del boquiabierto, o la tranquilidad de la tierra que los acepta, para solo de vez en cuando, seguir preguntando.

Es lo invisible que nos separa lo que se detiene a pensarse en nosotros, pues no estamos hechos de tierra, ni mucho menos de agua, sino de aire, donde la forma en que cada átomo de carbono en nuestro cuerpo, la esencia misma de lo vivo que nos llegó a través de los árboles y las plantas que lo capturaron de la atmósfera, usando la energía solar como la preferida herramienta de su taller, fue revelada en el triunfo intelectual de Anaxímenes de Mileto.

Un niño del México prehispánico que, según los contadores del sol, encargados del conocimiento y las pinturas que determinaban el orden de los eventos, hubiese nacido en un tiempo infausto, tenía la oportunidad de que sus padres eligieran con cautela el tiempo para nombrarlo, y así poder ajustar su destino. Aun hoy, en el campo donde vivo, los niños que muestran tendencias enfermizas son sometidos por sus padres a un ritual donde se les cambia el nombre dado al nacer, como mecanismo para ponerlo en la vía de la salud, esa que aprende a entonarse con el ritmo de las cosas. Pues para hallar el terror no se necesita escarbar más allá de lo que se impone como familiar, la insistencia de lo reconocible.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

Leave a comment