Jardines de la infancia

Ring Around a Tree Building, Fuji Kindergarten, Tezuka Architects Japan, Japanese Nursery School

El acto de mi conversión al cristianismo, en el contexto del pentecostalismo era, sin yo saberlo, la continuidad de una tradición que venía desde San Agustín, a finales del siglo IV, la cual este narraba similar a la de San Pablo, que era también lo que yo aprendí a hacer con la mía, a pesar de siempre pensarla y actuarla como contestataria al catolicismo. Dos vertientes de una misma herencia apropiándose un común origen.

Una vez asentado el sentimiento de una persona creerse superior a las demás, esta deja de existir. Puede ganar el Premio Nobel y todos los reconocimientos habidos y por haber y, confiados en la grandeza y sabiduría de un mundo que con su presente e historia sabe proveer cantidades enormes de buena literatura y nobleza, es posible sentir un universo que cuenta con todo lo necesario, mucho más de lo que una vida pueda asimilar, sin la necesidad de girar en torno a la existencia de la descartada arrogancia. Qué motivo pudiera tener alguien para actuar como imprescindible, cuando nadie lo es, escapa mi comprensión, liberándome para la dedicación de estudiar y aprender de la bondad. Aún así, tengo un puñado de amigos parejeros y a los amigos hay que quererlos como sean. Pero de nuevo, contados con los dedos de una mano, pues en un mundo virtual que pone a varios billones de humanos disponibles para la amistad, ¿quién puede pensarse indispensable y, peor aún, con el concedido privilegio de ser mala persona?

Hay riachuelos sobre los papeles de mi biblioteca que en su lento flujo de oraciones van, imperceptibles, añadiendo a una cuenca sin salida que tarde o temprano se desborda, primero en pequeñas e inocentes gotas de palabras debilitando un dique que al quebrarse, termina despidiendo un torrente violento de escrituras. La reconstrucción que sigue al desastre es génesis de inesperada belleza.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

Leave a comment