
Rubicundo de nacimiento crepitaba opiniones y miradas que acostumbraban la rareza. Consciente que el bello paisaje del futuro estaba tras la bruma del presente, el tiempo me enseñó a soplarla con la imaginación de lo que escondía, y fue bueno, pues de haberme sentado a esperar la claridad del día, toda una serie de depresiones y frustraciones se hubieran desarrollado, lo que de todas maneras hicieron, pues el abanico de mis pulmones, junto con el rápido mover de manos y vientos que pasaran las páginas, nunca ha sido suficiente para la permanente claridad; solo ayudan. Otro truco que se recoge por el camino es el de no limitar la enseñanza a los claros destellos que entre la casualidad y la búsqueda con cierta frecuencia aparecen, sino también convertir cada derrota en una victoria del aprendizaje. Conjunto de sales y arenas que, con su variada felicidad, se hacen también insuficientes, si no es que se añade la visión propia de canal, haciéndose uno mismo un simple flujo de anécdotas y sus reflexiones que de alguna manera se registren, pudiéndolas pasar a otros, en especial a los mucho más jóvenes. ¡Ah! Casi olvido el más dulce y explosivo de los ingredientes, el nirvana de los filósofos, esto es, la habilidad de rigurosa y honestamente cuestionar todo, en especial lo que uno tiene por aprendido y sagrado, asegurándose de que se pasa por el escándalo de ver a los que por extrañas razones al escucharte en algún momento te abrazaron como ejemplo, y ahora te desechan por renegado. Si por acaso la muerte llega antes de que alguno reconsidere lo último que se te ocurrió compartir como valioso, mucho mejor.
