Efimeridad de las arcas

Durante un antiguo Egipto en crisis, y el conocimiento popular de las riquezas que guardaban las tumbas de antiguos faraones, los sacerdotes, poseedores de la codiciada información de donde se encontraban los sepulcros, decidieron rescatar los cuerpos de los pasados regentes que representaban la continuidad cultural, la memoria de lo que fue y podrá de nuevo ser el gran reino, colocándolos todos junto al sarcófago de Amenhotep II, donde permanecieron por casi tres mil años, hasta que el egiptólogo francés Victor Loret finalmente los desenterró.

Belles-lettres es un término también francés que desde el siglo XVII comienza a utilizarse para referirse a la escritura que se produce por la belleza misma del lenguaje, sin necesidad de tener que preocuparse por una narrativa lógica o histórica. Par de siglos después la definición se había cementado a nivel internacional, identificando la producción literaria con esta, a diferencia del texto de carácter pedagógico, legal o dedicado al registro de eventos.

Sin embargo, desde los principios de las civilizaciones egipcios o mesopotámicas, tal division era inexistente, como también lo era en las civilizaciones mesoamericanas, chinas, indias y todas las demás que desarrollaron la escritura. Así leer las paredes de las antiguas estructuras del desierto africano o la selva centroamericana y sus largas listas de dinastías, debe hacerse con la intención literaria con que se crearon en mente, igual como se leen las historias de Herodoto o los diálogos de Platón. Un rescate tildado de sabotaje que se hace inminente en nuestros días, cuando se quiere recuperar la idea de que la poesía está en todas partes, y no solo bajo la custodia de los sacerdotes del saber letrado, en cofres que inevitablemente, tarde o temprano serán saqueados.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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