Detallando infinitos

“Del paraiso que Georg Cantor nos creo, nadie podrá expulsarnos.”
David Hilbert

Hasta el último sorbo de aliento que ponga en mis pulmones seguiré escarbando, seguiré aprendiendo y con suerte, seguiré diciendo. Pues aún con la enseñanza estar en la aceptación del final, una luz de paz, de sabiduría o de algo debe quedar atrás, para cualquiera que la vea, el milagro de una vida agradecida, deleitada en haber hallado la poesía escondida entre el ruido cotidiano, apabullada, como si con intención le tiraran tierra, a ver si seguimos caminando sobre ella sin darnos cuenta, pues de lo contrario despertaríamos a la belleza de una verdad que toma todos los elementos en consideración, y los mezcla y remezcla en combinaciones que expanden nuestro entender en todas las posibles direcciones, la compleja sencillez de una síntesis pasajera, la fugacidad de un áureo destello, añadiendo un sabor por la vida de la cual no quisiéramos desperdiciar, ni en su última gota, la dulzura de la despedida.

Para mediados de los años 30 del siglo pasado, en el apartamento de Boris Pasternak, Osip Mandelshtam comparte con el íntimo grupo de literatos que se reunía, unos versos que había escrito dobre Stalin. Una conmovedora descripción de la situación del país bajo el desfigurado semblante de los líderes del Kremlin. Los testimonios no señalan a más de cinco pares de oídos presentes para las palabras tan magistralmente seleccionadas, que en poco tiempo fueron también a dar a los oídos de las autoridades. Desde ese momento la vida del poeta jamás fue la misma, incluyendo como casi un siglo después, aún retumba con fuerza su escrito.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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