
Morimos pues vamos dejando pedacitos de vida en todo lo que hicimos, hasta que se nos acaba, y con suerte habrá quien por algún tiempo, aunque sea corto, construirá una versión insospechada, la última sorpresa de lo que fuimos.
Sócrates revisó las fábulas de Esopo antes de su ejecución, más de dos milenios atrás, pues entendió que un sueño lo urgía a escribir poesía y, como nunca había practicado tal destreza, sabiéndose novato, pensó era buena idea reescribir en verso las conocidas historias. Lo que el filósofo fue incapaz de predecir en su pequeña acción, es que en mi biblioteca hoy tengo, estudiadas y anotadas, copias del Fedón y los textos del antiguo fabulista, junto con la elaboración que desarrollan mis escritos de lo que ambos fueron y representaron.
La arqueología y sus ramas aledañas han ido acumulando evidencia para considerar que complejos y amplios centros ceremoniales se construyeron antes de se comenzara a practicar la agricultura, a pesar de la inmensa concentración de pobladores que, aunque fuese de forma temporera, continuaban supliendo sus necesidades alimenticias con la caza, la pesca y la recolección de alimentos que gratuitamente ofrecía la naturaleza.
Conversaciones registradas entre los nativos norteamericanos y los primeros colonizadores europeos indican un conocimiento pleno de las técnicas de cultivo y las formas de organización política que intentaban enseñarle los recien llegados a los locales, incluyendo su aversión a implementarlas. Todo esto provoca pensar que los primeros habitantes de Las Américas, al igual que el hombre prehistórico anterior a la revolución agrícola, sabían muy bien de los problemas de inequidad y acumulación de poder que representaban la agricultura y la organización social basada en linajes y realezas, a propósito evitándolas por lo que efectivamente fueron decenas de miles de años, en donde no vieron la necesidad de adoptarlas.
