Eras

Determinar el número correcto de cabras para nuestro terreno ha sido preocupación constante por los nueve años que llevamos criándolas. El elemento más importante es la cantidad de pasto, pues pasado cierta suma de animales, el alimento se hace insuficiente. Para esto es necesario aprenderse los ciclos de la naturaleza que, por estos lares, se dividen entre seis meses de lluvia y seis de sequía.

Cuando comencé a visitar Las Filipinas, lo hacía en verano y navidad, o sea, tiempo de lluvia o principios del tiempo seco, respectivamente. Por eso cuando decidimos mudar la familia permanentemente de Boston, llegando con las maletas y posesiones para finales de abril y principios de mayo, me tomó por sorpresa ir al terreno que hacía casi una década habíamos comprado, y encontrarlo como si fuese un desierto parecido a la arena de una playa. Ese mismo lote en el cual íbamos a construir nuestra casa, y que estaba acostumbrado a verlo sembrado con el grueso e intenso verde del arroz, junto a cultivadores que batallaban el agresivo crecimiento de la yerba mala, era ahora una polvorienta planicie incapaz de alimentar nada, mucho menos las cabras que en otros meses del año allí pastaban, hasta saciarse las entrañas, las que de reojo vi bajo la sombra, conservando energía, delgadas, pacientes y sin calendario que les indicara del inminente mes de mayo, del cual ellas muy bien sabían.

Dos mil doscientos años atrás ya se escribían guías turísticas para servicio a los que de todas partes iban a Grecia a conocer sus famosos lugares. Allí donde vivieron gentes con la idea en el corazón y la otra pregunta en el pensar. El mismo viento solar de las temporadas que hasta hoy, si sabemos esperar, también vienen y van. Hay veces que alguien me recuerda alguna conversación mutua que he olvidado. Es como tener la suerte de un preámbulo de lo que será, luego de no estar.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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