
Si encuentro me pierdo, pues ya no tendría nada que buscar. Suerte que es filosofía, lo que gusto practicar. Además, los bosques en donde se indaga, como el del pasado, están repletos de memorias encontradas que rayan en la mentirosa creación que lo explica todo, pues todo fue real. Así no hay un número fijo de visitas. La capacidad literaria hace la cifra innumerable.
De niño puertorriqueño recuerdo a tíos y maestros usando con regularidad la frase, “tu todo lo imitas, como los monos.” Una evidente crítica que se presentaba clara en el asumido descrédito hacia los animales, a los cuales parecía rebajarse la inmadurez del comportamiento. Me tocó llegar a adulto para aprender que los humanos hemos sido protagonistas de una sofisticación de la imitación, que deja a los otros animales en pañales, en cuanto a reproducir comportamiento observado se refiere. En otras palabras, nuestra originalidad es una rareza que se sostiene sobre el constante robo de lo visto, escuchado o leído.
La primera parte de la vida es para vivirla. La segunda parte, para examinar la primera. Existen dos historias que cubren mi existencia y la de todos los demás; bien la batalla que enfrento o el largo camino en busca de mi hogar, ambas escritas ya por Homero, con todo el doloroso esplendor de sus detalles.
