El claroscuro de Éfeso

Hendrick ter Brugghen (1588-1629)
Heraclitus
Oil on canvas – Rijksmuseum

He criado a mis niños en un hogar con biblioteca de tres mil volúmenes clásicos. Por años parecía que no prestaban atención, pero yo confiaba en que el mero peso visual de la colección, junto con el ejemplo de siempre verme leyendo y escribiendo, ejercerían una incontenible influencia. Recién comenzada para ambos la adolescencia, el menor insiste en revisar los textos de Gilgamesh y La Odisea, y el mayor lo mismo con los escritos de Hamilton y Adam Smith, en la confiada sorpresa de que lo que van escuchando en otras partes, siempre ha estado disponible en la biblioteca de su papá.

El presidente parece tener una cama perfectamente diseñada para el blanco norteamericano. A cualquiera que se extienda en la crítica se le cortan las piernas para que encaje. Pero si se queda corto en la alabanza se le ablandan las extremidades a cantazos, cosa de poder estirárselas a la medida. De manera deshonesta la cama es ajustable, pues aún quien con perfectas proporciones pase la prueba, una acción o comentario fuera de lugar lo hallará de imprevisto inadecuado al molde. Es desesperante pero nunca dura, pues a todo Procusto tarde o temprano le llega su Teseo.

Éxtasis y angustia se presentan como metas y presentes que coinciden en demandar paciencia; una para llegar y el otro para salir. Así, ofreciendonos el desarrollo de una confianza de carácter Heraclíteo, permitiendo paso al balance que las cosas siempre buscan para hallar su cauce, donde los extremos solo tienen existencia provisional, sin la necesidad de una frustración que selle el fracaso del proyecto construido, o del precipitado desconsuelo de un horror que amenaza con su permanencia.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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