Oros del repaso

El dolor jamás viene junto con la información de lo mucho que irás aprendiendo.

Roland Barthes recomendaba la relectura, y en una biblioteca que se ha esmerado en adquirir solo los clásicos, esto convierte la norma en experiencia de lo inagotable. Una práctica que desecha la necesidad de estar al día con lo último, pues al casi todo no ser más que un reescrito de lo publicado, el nuevo libro que insisten debes leer ya está escondido dentro del leído que, por haberte concentrado en la expectacular propuesta inicial, se te escapó la mayoría de lo que aún queda entre las líneas.

Cuando caminaba por las calles intentando hallar la vida, en la intuición de que el azar era tan válido como lo planeado, me sorprendió la regularidad con que la maravilla de la recompensa buscaba esconderse tras el temor. Hoy, donde el hogar acoge la desaceleración natural de mis tiempos, la biblioteca asume con elegancia su catálogo de lo inesperado, con nuevas puertas en los lomos de cada uno de los textos que vengo leyendo y cargando por el medio siglo pasado.

Y cómo pensar que no funcionaría, cuando en una tarde despistada caminaste a donde estaba sin esperarte, y las notas fueron acercando un lejano beso que creciendo en dos humanos, que hoy sueñan partir terminada la escuela, dejándonos con el glorioso dolor de haber sembrado, callosas manos que aún se buscan nuevas, como la primera inesperada vez que se encontraron.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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