
Como escritor leo para reescribir lo que me impacta. Pues la emoción que despertó ese fuego lejano plasmado en letras se mezcla con el ardor mío, entregándole a la página en blanco un diferente ángulo para mirar, lo ya visto. A mí difícilmente se me ocurra algo nuevo, y las veces que en antaño lo creí, el tiempo y las lecturas se encargaron de corregirme. Lo que nadie jamás ha hecho es vivir como yo, dándome esto un ingrediente único para añadir, a cualquier conocida receta.
Sísifo se vistió de viejo marinero y salía todos las madrugadas a pescar. Luego de cuarenta días sin atrapar pescado alguno, hasta los padres del niño que lo acompañaba deciden ponerlo en otro bote, con un pescador que no fallaba en traer alimento diario del mar. Cuarenta y cuatro días más pasaron para que el mito disfrazado, esta vez solo, y enamorado del navegar, regresará día tras día sin ningún pescado.
Todo humano es poeta, y no hay nada en la apreciación e interpretación de las cosas y la experiencia del ser, que no contenga todas las estrategias de la poesía. Quien quiera alabar los evidentes logros de la especialización, olvida que la profundidad del detalle incrementa el espacio de lo desconocido, y por ende abre la puerta de la diferenciada acumulación, el mundo que hoy vivimos.
Para los pensadores griegos de la antigüedad, ser un matemático, esto es, alguien que entendía la conexión entre los patrones numéricos y el comportamiento de la naturaleza, el alma humana y su continuidad luego de la muerte le parecían una realidad contundente, y el cuidado del cuerpo que asegurara salud y bondad para los demás, era la manera más eficaz de proteger ese misterio interno cargado de inmortalidad, para el beneficio común de todos los futuros.
