Añares

Las arenas del Sahara sepultaron los bosques de nuestra gente, para que 300,000 años después descubriéramos sus huesos y entender, que éramos cien mil años más viejos de lo pensado, saliendo de la confusión de que comenzamos, en el este africano.

El espacio está lleno de infiernos termonucleares, mortales por su radiación. Pero lo que vimos en la oscuridad de las noches, fue el hermoso tintinear de las estrellas intentando olvidar pesadillas, en la necesaria imposibilidad de olvidarse uno mismo, sin impedir que se construyese la historia de lo desatendido, recordando a los lectores que el horror, aún vive en nosotros.

Hay soluciones intuitivas para problemas de inexistentes mundo. Hasta que con ellas se edifica, desenterrando, el inimaginado universo donde el resultado inicial se hace obvio. Como llevar el sueño a una ciudad desconocida, descubriendo que para sus habitantes no encajas, excepto por tus nuevos ojos que leen su vieja casa perfecta, para lo que ninguno de sus hijos la había antes pensado, haciendo sospechosa la idea misma de la repetición.

A la rotación de la Tierra le restan unos cuatro mil millones de años y, con sus cambios de ángulos tan diminutos, invisibles para una vida y monumentales para el tiempo, el fondo de todo pozo hace bien en esperar el deslumbrante resplandor solar.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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