Eterno vigor

El día que todo esté documentado, ya no abra necesidad de pensar. Existirán aún las preguntas, pero el dominio se ejercerá por los que buscan sobre los que no; la curiosidad como herramienta de progreso y división social, la muerte, o por lo menos la agonía de la idea del descanso como meta que anuncia la felicidad, dejando a la desaparición física, como lo es ya, y siempre ha sido, el título del reposo final. Pues es solo en la reintegración y dispersión de los elementos que en vida nos constituyen, a la inmensidad del universo, que alcanzaremos, fragmentados, fluir sin esfuerzo. Sin embargo el movimiento del que depende el cosmos, sin el cual cesaría en la imposible inmovilidad del zero absoluto de temperatura, es la manifestación de una energía que parecería implicar esfuerzo y, al no ejercerlo, se convierte en el misterio último de la existencia, lo que nunca fue creado ni tampoco es capaz de extinguirse.

Los dentistas europeos —no que fueran los únicos— tenían contactos con vendedores de dientes que los adquirían de entre los cadáveres que quedaban en los campos de batalla. Restos estudiados en los cementerios de Inglaterra hacen sencilla la identificación de personas pudientes que en vida eran capaces de costear la sustitución de un diente destrozado y perdido por las caries. En los camposantos de principios del siglo XIX en Londres es común encontrar onerosos trabajos dentales, con dientes extraídos de entre las decenas de miles combatientes muertos en Bélgica, en la batalla de Waterloo, pues la energía atrapada del calcio es algo que persiste, revelando aún información sobre la vida de nuestros ancestros, millones de años atrás.

Published by ricardoavega

Ricardo A. Vega nace un 27 de noviembre de 1960 y fueron vecinos en Santurce, Puerto Rico, los obligados a escuchar sus primeras opiniones sobre el mundo y la vida, lloradas a viva voz. Veintiún años después y, entretenido por marchas y piquetes en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, a duras penas logra acumular tres años de bachillerato en la facultad de Ciencias Naturales, cuando decide aventurar estudios teológicos en Brasil y México. Luego de un corto regreso a La Isla y con 26 años de edad, se aventura en un exilio que lo lleva hacia la ciudad de Boston en los Estados Unidos, terminando su bachillerato en ciencias en la Universidad de Harvard y luego concluir su maestría en educación en la Universidad de Massachusetts. Vive más de la mitad de su vida en los fríos invernales del noreste norteamericano para, luego de 25 años como educador, retirarse con esposa e hijos a Las Filipinas, desde donde ahora escribe.

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